Rayden eleva su templo en Toledo

Nos desplazamos hasta la ciudad imperial para tratar de revelar los misterios y secretos que se esconden en Toledo. Y de entre todos ellos se debe destacar El círculo de Arte, sobre todo para los desconocedores de esta joya medieval manchega. Sala de conciertos, bar de copas, centro de exposiciones… en definitiva, un espacio multicultural localizado dentro de la antigua iglesia de San Vicente. Este edificio de estilo mudéjar fue fundado por Alfonso VI tras la reconquista de la ciudad, allá por el siglo XI y actuó como parroquia hasta 1852, año en que dejó de tener usos religiosos.

Y qué mejor forma de conocer este local que con la MÚSICA (así, con mayúsculas) y la espiritualidad de Rayden, en la gira iniciada a raíz de la publicación de su último trabajo ‘Sinónimo‘.

La larguísima e inesperada cola a nuestra llegada nos hizo presagiar un enorme espectáculo. Y así fue, tras el sonido introductorio de Greta van Fleet y el crepúsculo de los focos, el maestro de ceremonias aparecía puntual, a las 21:00h sobre el escenario, iniciando junto a su escudero en las voces, Mediyama, y el resto de su banda el recital con ‘Lo primero, la bondad‘. Nos toca el “cora” con ‘Gargantúa‘ y continúa con ‘Xtravangazza‘, temas con los que crea un increíble clamor en el público al ritmo de las palmas. Y es con este ambiente ideal con el que comienza a improvisar, provocando la locura entre el gentío.

 

Sigue con ‘Pólvora mojada‘ y, estableciendo una bella literalidad, agradece por adelantado la canción, ‘A mi yo de ayer‘, al final de la cual vuelve a demostrar sus dotes en la impro. No por nada fue campeón mundial de las batallas de gallos en castellano.

Las combativas ‘Pan, circo, ajo y agua‘ y ‘Habla bajito‘ llegan como un vendaval a la sala, dejando un torbellino de energía que este artesano del verso se encarga de rebajar, dando el contrapunto con la lírica de ‘Finisterre‘. Con la ‘Levedad‘ que proporciona el llevar el público al suelo, el complutense establece un fin del primer acto que aprovecha para agradecer por el lleno absoluto en la sala, y una petición. La petición metafórica de soltar todo lo malo mediante el envío de un aerolito imaginario a todas esas mentes obtusas que quieren imponer la crispación en nuestras vidas, sin saber que son los dinosaurios para los que va dirigido este ‘Meteorito‘.

Es especialmente a las mujeres a las que el músico nos cuenta que les quieren dominar, y son ellas las que se deben rebelar, así como el poeta nos revela la presencia de Bely Basarte, muy presente (aunque no físicamente) en el escenario, mientras se oye ‘Vía de escape‘ y Nunca será siempre‘.

Lo que ocurrió a continuación es difícil de describir. Rayden. Un micro. Solo en el escenario. Sentimientos a flor de piel. El silencio que se hace en la sala y nos adentra en una nebulosa casi onírica. ‘Los dioses también sangran‘. El rapero le da sentido al nombre de la sala. Y el público, boquiabierto, le entrega un atronadora ovación que hace retumbar los viejos cimientos de este templo. ‘Amalgama‘ de sensaciones es lo que da paso a un altar que se tiñe de morado para ‘Caza de pañuelos‘, el corte feminista con el que da voz a todas esas mujeres que están hartas de preguntarse: “¿La N o la O, qué parte del NO es la que nunca entienden?”.

Ubuntu‘, ‘Imperdibles‘ y ‘Abrazos impares‘, las metáforas y los versos se suceden para dar fin a este segundo acto con ‘F.D.M.P.P.A.‘. Nuestro guía espiritual en esta noche toledana hace entonces apología del buen rollo en vista del gran ambiente que se respira, pidiendo que, para llegar al final, todas las gargantas se fundan en un solo grito. Grito que nos hace subir a las estrellas del espectacular juego de luces montados en el asteroide ‘Beseiscientosdoce‘.

Se queda en propiedad el cantante con nuestros ojos, al hacerlos brillar con un ‘Haz de luz‘ con el que caemos en cuanta de que se acerca el final, creyendo resucitar con ‘Haciéndonos los muertos‘, tema con el que el músico, como si desde el antiguo púlpito se tratase, convoca a todos sus fieles a una erupción de placer para los oídos con una lección de ‘Matemática de la carne‘, iluminada con las linternas de los móviles de todos los presentes.

Con ‘Malaria‘ se nos presenta al gran elenco de artistas que acompañan al MC, tanto entre bambalinas como sobre el escenario. Por último, al no tener un plan B, mata por el A con ‘Lo segundo, el talento‘, cerrando el recital con una descarga final de energía al ritmo de Pendulum (descarga que Mediyama hizo literal, no una, sino dos veces desde el escenario).

Es difícil describir toda la belleza de las letras de sus canciones en esta crónica, pero cuando las luces se encienden tras conocer a Rayden, se establece una conclusión sencilla: da igual con qué estilo te puedas identificar musicalmente, rapero, rockero, heavy, indie… si tienes la mínima oportunidad ve a disfrutar de este espectáculo.

Lee sus sonidos y escucha los versos del poeta. Y sobre todo, siente su MÚSICA.

Por Chesko Mayoral para Arpha Press.

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